Estas últimas semanas he escrito poco, pero he leído mucho. Tres novelas y un poemario sobre el que hoy escribo: Amor y pan, notas sobre el hambre de Paula Melchor. Me enamoré de la portada de su libro y no pude no comprarlo en mi visita a Madrid. Hoy lo he terminado y ya he pedido el segundo de sus libros.
Me gusta la manera poética de escribir de Paula, alejada de la métrica clásica que se me resiste la mayoría del tiempo. También la temática de sus composiciones: el amor, la comida y el hambre. El hambre y la necesidad de alimentarse física, emocional y mentalmente. Dividido en desayuno, almuerzo, merienda y cena, Amor y pan nos arrastra por un recorrido que va desde el amor y el hambre de un cuerpo ajeno hasta la nostalgia, la decepción de un desamor y la soledad. Pero también la esperanza.
Pan, piel de patata, gajos de naranjas y un calabacín quemado en el horno son algunos de los ingredientes que acompañan a los sentimientos de una autora que escribió este libro mientras el amor moderno se le escurría entre los dedos.
A veces necesitamos otra voz porque la nuestra
la ahogamos una noche con las manos de alguien
que luego no nos alimentó.
Poco se puede añadir a fragmentos así de contundentes y claros. Al leer Amor y pan he sentido que podría haber escrito un libro parecido. De hecho, me ha recordado todos los fragmentos que he ido acumulando en estos últimos meses en las notas de mi teléfono y me han inspirado. Creo que este libro era lo que necesitaba para atreverme a darle forma a todo ello de una manera más libre y menos narrativa de lo que estoy acostumbrada. Para darme permiso de jugar con las palabras como se juega con una receta que tu madre te comparte, pero te indica que ella lo hace todo a ojo.
¿Qué es eso sino jugar con los ingredientes y tentar a la suerte cada vez que se cocina esa receta?
… Abrí el lenguaje como la piel del higo.
Lo apreté en la mano y quise estriparlo.
¿Me lo puedo comer?
Todo estaba en silencio,
hasta que apareció el deseo.
El hambre te hace vieja
Mientras terminaba el libro y tomaba notas en una libreta recuperada en la que escribí relatos breves en 2023 - me apunté a un curso maravilloso-, escuchaba esta playlist de Jazz que me acompaña desde hace un par de semanas. En el balcón, con el pantalón de pijama puesto y la gente caminando a pocos metros en un viernes de esos en los que nada ni nadie importa. Solo tú y tu tiempo.
En unos días me llegará el poemario Un conjuro. Pronto os contaré las sensaciones. Creo que esta extraña calma que siento al leer podría ser - es- felicidad. Me gusta el silencio que provoca descubrir nuevos libros, estilos y autoras.
Si compartes esa felicidad y tienes poemarios o libros que te apetece compartir, soy toda oídos, título de una de las novelas que he leído estos días y sobre la que escribo en otro post de La Nomadista. Deja tu comentario, comparte o suscríbete. El cariño llega al otro lado de la pantalla con un simple gesto. Y, en estos tiempos que corren, es de agradecer.
L.-


